Entre jirones de niebla
aún se alzan, apenas,
los mástiles náufragos.
Almas de marinos idos
los custodian, añorantes.
Lloviznan en la arena,
no habrán de navegar, ya,
sus orgullosos veleros.
Velan sus tumbas marinas,
leves peces mariposa.
Llena todo el océano,
el cantar de las ballenas;
arrulla el sueño sin fin
de las maderas hundidas.
Las almas cercan la senda
que las montañas ocultan,
en descenso hacia el mar,
alumbrando la arena.
Quien se haya atrevido,
a esa playa llegará,
oirá el lamento tenue
de los que encallado han.
Entre la espuma verá
sombras de mástiles rotos
que muda súplica alzan
por poder sentir de nuevo
el soplo de los vientos suaves
hinchando sus velámenes.
Gaiane Turian
© Buenos Aires, julio 2009
